Traducir no puede ser tan difícil, encima con todos los diccionarios que existen
Traducir no es yuxtaponer palabras y frases unas detrás de otras, copiando el original y buscando palabras en un diccionario bilingüe. En realidad, implica un gran trabajo en las siguientes áreas:
- comprensión del texto original;
- reflexión sobre la intención del autor;
- investigación del tema;
- interpretación del mensaje;
- reformulación del mensaje;
- esfuerzo lingüístico en el idioma de destino, para que el estilo sea fluido y libre de errores.
Traducir requiere ser fiel al texto de origen y a la vez saber distanciarse lo suficientemente como para que el texto de destino no “huela” a traducción, sino que parezca que fue inicialmente pensado y escrito en su idioma. También es necesario conocer los códigos que rigen la comunicación en la lengua de destino, códigos que pueden variar de un país a otro y de un ámbito a otro, porque no todos los textos se traducen igual. Por ejemplo, el traductor que traduce un comunicado de prensa tiene que asegurarse de que esté transmitiendo el mensaje de la forma más adecuada para el público para el que traduce, lo que es aún más obvio con la traducción publicitaria. El traductor que traduce un documento de carácter jurídico tiene que ser consciente de las diferencias entre la organización judicial y las leyes de un país y del otro, tiene que adaptar el formato de origen al formato vigente en el país de la lengua a la que quiere traducir, sin traicionar el contenido. Además, para que una traducción jurídica tenga valor legal (a modo de ejemplo, una partida de nacimiento para una boda en el extranjero), el traductor tiene que haberse examinado para ser traductor jurado oficial y debe sellar sus traducciones. Un último ejemplo entre muchos más: el traductor audiovisual que subtitula una película no sólo tiene que transmitir un mensaje oral de forma escrita, lo que es mucho más complejo de lo que parece, sino que además tiene que ceñirse a un límite de caracteres por línea y por imagen, lo que convierte su tarea no sólo en una operación de traducción sino además de síntesis. Sólo la documentación, la experiencia y el talento permiten resolver con éxito todos estos retos, y esto no se encuentra en los diccionarios.
Para superar la creencia que todo se resuelve con un diccionario, hay que entender también que traducir es un acto de comunicación. El texto original se ha escrito con un objetivo concreto (informar, convencer, promocionar, advertir, explicar, etc.) y el traductor tiene que asegurarse de que su traducción cumpla esa misma función, que no sea un simple “copiar y pegar” del original. Le pondré dos ejemplos: Digamos que el texto para traducir esté originalmente escrito en inglés, trate del racismo en el continente americano y que su traducción vaya destinada al ciudadano de a pie hispanohablante. Lo más seguro es que este texto tenga cifras y análisis procedentes de la NAACP (National Association for the Advancement of Coloured People). Lo más seguro también es que, fuera de Estados Unidos, nadie sepa qué es la NAACP. Por lo tanto, el trabajo del traductor consiste no sólo en traducir las cifras y los análisis de dicha asociación, sino también explicitar en unas pocas palabras la misión que persigue, para que cobre todo su sentido para el lector no estadounidense (por ejemplo, asociación defensora de los derechos civiles de la minoridades étnicas en Estados Unidos). Digamos ahora que el texto para traducir sea el manual de una máquina industrial. El objetivo es explicarle al usuario cómo utilizar esta máquina, y también advertirle de los posibles peligros. En este caso, el traductor tiene una responsabilidad enorme, porque cualquier confusión o imprecisión puede causar un error de manipulación de parte del usuario, con todas las consecuencias, hasta letales, que esto puede acarrear. Por lo tanto, si el traductor tiene una duda (por ejemplo si no coinciden límites de temperaturas entre dos secciones que hablan de lo mismo, o si el texto dice que se debe colocar una pieza a la derecha de la máquina pero el dibujo explicativo lo coloca a la izquierda), el traductor no puede pasarlo por alto pensando “Yo traduzco lo que pone”, sino que tiene que tener el buen hábito de preguntárselo al cliente, para aclarar cualquier duda y asegurarse de que el manual traducido cumpla perfectamente su objetivo.
Este tipo de problemas sólo lo notará un traductor minucioso que de verdad busca el sentido a lo que traduce. Y no existe ningún diccionario que nos ayude en esto.

